jueves, 17 de junio de 2021

Cuenta la leyenda....

 
Una mamá vendrá a clase y conoceremos varias leyendas de Toledo y las leeremos, preguntaremos si las conocían, o se las habían contado sus familiares.
 
Una GORDA Campana


En 2011 se pudo de nuevo subir a la torre, tras una restauración, y visitar una de las mayores campanas que existen en el mundo (1). “San Eugenio“, pues así se llama esta campana, fue fundida por Alejandro Gargallo en 1755 por orden del cardenal don Luis Antonio de Borbón. Sus medidas son: 2,29 metros de altura, 9,17 de circunferencia, y 2,93 de diámetro. El peso, entre 7.500 y 14.000 kilos, según la fuente que se consulte. Tiene una gran grieta de 1.5 metros de altura limada para que no vibre, en la que cabe una mano. Debido a esta grieta, la campana ya no se puede tañer, pues el sonido no era nada bueno. Aquí encontrará más información sobre la Campana Gorda de Toledo. Una vez que os hemos contado los datos básicos de la campana, pasamos a narrar alguna leyenda ¿Cómo se subió esta gran campana hasta lo alto de la torre?
La historia cuenta que la campana se fundió no muy lejos de la Catedral, en la cuesta de San Justo, número 5, en una casa que todavía conserva la gran puerta por la que salió en carreta la campana camino de la torre. Desde allí fue arrastrada hasta la plaza del Ayuntamiento en siete días, llegando un 30 de septiembre de 1755. En cuatro horas, comenzando a las 6 de la mañana, la campana estaba en el lugar que ahora ocupa. Los encargados de subir tan tremendo peso hasta los más de 80 metros de altura fueron 22 marineros venidos desde Cartagena y ayudados por varios bueyes que mediante una gran rampa y poleas arrastraron la campana hasta lo más alto de la torre. Para que pudiese entrar en el campanario, hubo que romper uno de los muros laterales y luego reconstruirlo.
Cuenta la leyenda más extendida que la primera vez que se hizo sonar (un 8 de diciembre de 1755) se oyó a kilómetros de distancia y numerosos vidrios de ventanas de Toledo se rompieron por la intensa vibración. También que algunas mujeres embarazadas, debido al enorme estruendo, se pusieron de parto.
Pero sobre todo el efecto de hacerla sonar más terrible para la campana fue que se comenzó a abrir una raja en uno de sus laterales, posiblemente debido a un error de fabricación. Con el tiempo, la rotura llegó a alcanzar los 1,5 metros que tiene en la actualidad, y nunca se pudo reparar ni fue sustituida.
Algunos cotilleos entre los toledanos quisieron ver en esta rotura la mano del cardenal, para evitar que los tañidos siguieran causando tantos sobresaltos como los acaecidos cuando sonó por primera vez.



 
El Hombre de Palo:
María intentaba hacerse un hueco entre el grupo de personas que en una esquina de su calle se agrupaban. Podía oír exclamaciones como “es obra del maligno”, es una “maravilla”, “el relojero del rey lo ha hecho”, pero no entendía muy bien a qué se referían. Cuando pudo hacerse un lugar, pues era pequeña, sus ojos no daban crédito a lo que vieron…
Había salido hace unas horas bien temprano de su casa justo al lado de la Catedral. A sus nueve años, María seguía cada día las instrucciones de su madre, acudiendo a alguna fuente cercana a llenar un cántaro de agua que portaba celosamente hasta su casa. Si en la fuente había mucha gente o estaba seca por el estío, debía bajar hasta el río… Era un trabajo algo pesado para una niña, debía parar cada pocos pasos por las duras cuestas, pero tenía que hacerlo, pues el agua era muy importante para toda la familia y en Toledo escaseaba. Su padre le había contado que en esta ciudad siempre había sido complicado en verano conseguir agua, que en otros pueblos y ciudades había más pozos, o el río estaba más cercano… También que, en el palacio, Nuestro Señor el Rey Felipe II tenía “agua corriente” gracias a un curioso artificio que ella misma había visto funcionar, pareciendo obra de magia pues subía el agua desde el río sin ayuda alguna.
Cuando el intenso calor del mediodía hacía difícil caminar por las empedradas calles de Toledo, volvía a su casa tras hacer otros tantos recados… Muy cerca, bajo la sombra de los muros de la Catedral, se detuvo sorprendida por un grupo de personas que exclamaban alrededor de algo que no alcanzaba a ver. Cuando pudo hacerse un hueco pudo ver un muñeco, parecía hecho de madera, similar pero en mayor tamaño a los que su padre le tallaba de pequeña para jugar en casa. Pero había algo diferente… Cuando uno de los hombres que estaba allí se aproximó y echó una moneda en una pequeña caja que tenía en las manos, el muñeco pareció cobrar vida repentinamente, y con unos movimientos un poco bruscos agachó ligeramente la cabeza, movió un brazo como saludando y ¡abrió y cerró la boca!, sin emitir sonido alguno, pero pareciendo dar las gracias.
Cada vez que esto sucedía la gente se sobresaltaba, algunos exclamaban y otros reían como si fuera una atracción de feria. ¡Jamás se había visto algo así en las calles de Toledo!
Corrió hasta su casa, subiendo las escaleras rápidamente en busca de su madre, para contarle lo que había visto. Las dos bajaron de nuevo a la calle para observar este prodigio pero sólo alcanzaron a ver cómo un hombre de barba blanca, anciano, recogía en sus brazos al muñeco y se marchaba. Una vecina que también estaba allí comentó que se trataba de Juanelo Turriano, el viejo relojero del Emperador, Matemático Mayor del actual Rey y que desde hace algunos años había caído en desgracia por ciertos pleitos con poderosos señores y con el municipio. ¡Era el mismo hombre que había construido el “artificio” que subía agua desde el río! Y según otro vecino contó otros muchos prodigios que ninguno de nosotros alcanzaríamos a comprender. (Leyendasdetoledo.com)
Día tras día, Juanelo colocaba bien temprano su muñeco en un rincón muy transitado de la calle. Muchas personas que por allí pasaban, camino de la Catedral, sólo por ver funcionar esa maravilla, depositaban alguna moneda en la caja, activando los resortes casi mágicos que hacían que el muñeco, al que empezaron a llamar “el Hombre de Palo” se moviera. Para María era incomprensible que un muñeco se moviera solo y otros buscaban alguna cuerda o miraban alrededor del muñeco por si alguien escondido lo hacía funcionar. Algún religioso que por allí pasaba exclamaba que no entendía como tal obra del maligno podía estar expuesta tan cerca de la Catedral…
Una mañana, un intenso olor a humo alertó a todo el vecindario. El fuego era muy peligroso en Toledo, por la escasez de agua, por lo estrecho de las calles y lo próximas que estaban las casas, en gran parte hechas de madera. Todos, incluida María, corrieron a la calle a ver qué sucedía. En el rincón que últimamente ocupaba el “Hombre de Palo” sólo quedaba una masa informe de ceniza y metales… Alguien había quemado al “Hombre de Palo”.
Nadie se atrevió a preguntar qué había sucedido con el autómata de Juanelo. Muchos años después se supo que la Inquisición había quemado el muñeco que tanto había llamado la atención de las gentes. Demasiado cerca de la Catedral, tal vez demasiado avanzado para su época. La intransigencia, la ignorancia y sobre todo el maltrato de nuestra tierra hacia los grandes genios que aquí han habitado, una vez más tuvo un triunfo parcial… En pocos años, a esta vieja calle de Toledo, se le conocería como “Hombre de Palo”, en recuerdo de aquél autómata y de su creador, injustamente tratado por la Ciudad Imperial.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

sda 10: Valientes jinetes descubriendo a Don Quijote

 Descubriremos la leyenda de Don Quijote de la mano de Fanny Bullock.